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	<title>Comentarios en: El Toro &#8211; Roberto Reyes Cortes</title>
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	<description>Por Amor a Nuestro Estado</description>
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		<title>Por: roberto reyes cortes</title>
		<link>http://www.todosporchiapas.com/2010/03/el-toro-roberto-reyes-cortes/comment-page-1/#comment-510</link>
		<dc:creator>roberto reyes cortes</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Apr 2010 02:02:03 +0000</pubDate>
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		<description>La fiesta brava, es indudablemente un espectáculo que atrae multitudes que buscan divertirse con la galanura del torero, sus desplantes y el arrimarse a la fuerza peligrosa del toro.
      Del diestro, se destaca  su valor, su gallardía y su caminar lento y estudiado.
      Las zapatillas, el terno adornado con hilos oro y plata y hasta la montera, hacen de su figura, un imán que rapta la mirada de la gente.
       Los toques profundos del clarín. 
       La música paso doble de la orquesta del pueblo.      
      El sol y la sombra de la tarde, metiéndose en la arena, dibujan la tragedia cuyos resultados se escriben en el aire con matices de angustia y de sangre.
       Domeñar el miedo, hacer de un trapo rojo una golondrina, danzar a ritmo de volcán apagado y poner el corazón en la mirada de la florida Manola que adorna el palco, son las pinceladas que describen el festejo y que a no dudarlo calientan el corazón y las arterias de cualquiera.
      Más  cuando tales ocurren frente a la cercana envestida de seiscientos kilos de fuerza, concentrada en una  bestia que violentamente ataca.
       Está ahí el ambiente festivo, el agitar de la plaza, el templar de la emoción, que poco a poco decae cuando pasado el momento de la euforia, se comienza a dibujar el salvajismo rampante.
       Hasta trece heridas profundas recibe el Toro en una corrida; la insignia o divisa de la ganadería, seis banderillas en los tres pares reglamentarios, tres puyazos de lanza de la pica,  ¿para reducir la fuerza?, tres estocadas, y el descabello, hacen de la fiesta una absurda muestra del mas puro salvajismo.
        Independientemente de que una estocada en mal lugar, frecuentemente produce una herida que lanza torrentes de sangre, y enseña a un animal negándose  a morir.      
       Pocos saben que a los caballos de los picadores, les cortan las cuerdas bucales para que no puedan emitir sonido alguno cuando son cornados por el Toro, les cubren los ojos para que  no vean hacia los lados de la envestida y les rellenan las orejas de papel o de algodón para que no escuchen los aullidos desaforados del público alucinado.
        Las tribunas abarrotadas de mujeres espantadas y niños de ojos como
platos y de corazón estrujado = los reglamentos no previenen que el ingreso a las corridas sea limitado a mayores de edad.=
       Y en las calles la comunidad comenta preocupada, de la violencia desatada, de infantes  maltratados, asesinados, de hombres decapitados, de sangre, torrentes de sangre imparable, incontenible, inexplicable.
       Aparte de lo anterior, es muy común que quienes se dedican a ese espectáculo, que tiene un fuerte aliento económico, se quejan que actualmente los toros, no reúnen los requisitos que deberían de exigirse, como que tengan.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La fiesta brava, es indudablemente un espectáculo que atrae multitudes que buscan divertirse con la galanura del torero, sus desplantes y el arrimarse a la fuerza peligrosa del toro.<br />
      Del diestro, se destaca  su valor, su gallardía y su caminar lento y estudiado.<br />
      Las zapatillas, el terno adornado con hilos oro y plata y hasta la montera, hacen de su figura, un imán que rapta la mirada de la gente.<br />
       Los toques profundos del clarín.<br />
       La música paso doble de la orquesta del pueblo.<br />
      El sol y la sombra de la tarde, metiéndose en la arena, dibujan la tragedia cuyos resultados se escriben en el aire con matices de angustia y de sangre.<br />
       Domeñar el miedo, hacer de un trapo rojo una golondrina, danzar a ritmo de volcán apagado y poner el corazón en la mirada de la florida Manola que adorna el palco, son las pinceladas que describen el festejo y que a no dudarlo calientan el corazón y las arterias de cualquiera.<br />
      Más  cuando tales ocurren frente a la cercana envestida de seiscientos kilos de fuerza, concentrada en una  bestia que violentamente ataca.<br />
       Está ahí el ambiente festivo, el agitar de la plaza, el templar de la emoción, que poco a poco decae cuando pasado el momento de la euforia, se comienza a dibujar el salvajismo rampante.<br />
       Hasta trece heridas profundas recibe el Toro en una corrida; la insignia o divisa de la ganadería, seis banderillas en los tres pares reglamentarios, tres puyazos de lanza de la pica,  ¿para reducir la fuerza?, tres estocadas, y el descabello, hacen de la fiesta una absurda muestra del mas puro salvajismo.<br />
        Independientemente de que una estocada en mal lugar, frecuentemente produce una herida que lanza torrentes de sangre, y enseña a un animal negándose  a morir.<br />
       Pocos saben que a los caballos de los picadores, les cortan las cuerdas bucales para que no puedan emitir sonido alguno cuando son cornados por el Toro, les cubren los ojos para que  no vean hacia los lados de la envestida y les rellenan las orejas de papel o de algodón para que no escuchen los aullidos desaforados del público alucinado.<br />
        Las tribunas abarrotadas de mujeres espantadas y niños de ojos como<br />
platos y de corazón estrujado = los reglamentos no previenen que el ingreso a las corridas sea limitado a mayores de edad.=<br />
       Y en las calles la comunidad comenta preocupada, de la violencia desatada, de infantes  maltratados, asesinados, de hombres decapitados, de sangre, torrentes de sangre imparable, incontenible, inexplicable.<br />
       Aparte de lo anterior, es muy común que quienes se dedican a ese espectáculo, que tiene un fuerte aliento económico, se quejan que actualmente los toros, no reúnen los requisitos que deberían de exigirse, como que tengan.</p>
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